MUJER Y TRABAJO- Cuestión de valentía

  29/03/2012
  7 min.
Lourdes Molinero,
autora de La sociedad que no amaba a las mujeres (LID Editorial, 2012)
y ponente de LID Conferenciantes (lmo@lidconferenciantes.com).

La revista estadounidense Newsweek ha publicado recientemente una lista de las 150 mujeres más valientes del mundo y me ha resultado curioso el calificativo empleado, ya que siempre se suele hablar de las más influyentes, las más poderosas, las más ricas, etc.“Están iniciando revoluciones, abriendo escuelas y fomentando una valiente nueva generación. Desde Detroit (EEUU) hasta Kabul (Afganistán), estas mujeres están haciendo que sus voces sean escuchadas”, esta es la explicación que da la publicación al punto que une a estas mujeres representantes de los más diversos campos.

Me gusta que se haya hecho esta lista bajo este calificativo, porque creo que esta es una característica importante de las mujeres que, cada una desde su visión y sus planteamientos, han decidido que se podían hacer las cosas de otra manera y que ellas podían contribuir a que así fuera.

“La sociedad que no amaba a las mujeres”, obra que he escrito junto con Javier Fernández Aguado, recoge las historias de 60 mujeres, desde el siglo XIV antes de Cristo hasta el siglo XX, analizando cómo han ejercido el liderazgo en ámbitos diferentes y en circunstancias diversas. Y, qué duda cabe, estas mujeres también podrían estar en un ránking de mujeres valientes porque lo fueron realmente.

La historia está llena de ejemplos de actuaciones llenas de valentía por parte de mujeres en situaciones difíciles, como guerras, revoluciones, pero se nos olvida que para vivir el día a día también hace falta mucha valentía, incluso más porque no se genera tanta adrenalina. De hecho, mujeres de las que aparecen en el ránking nos traen a la cabeza de manera inmediata la imagen de la valentía, como puede ser el caso de las Abuelas de la Plaza de Mayo de Argentina, que se han enfrentado a todo para recuperar a sus nietos “desaparecidos”, la española Pilar Manjón que superando su drama personal puso en marcha una organización para ayudar al resto de las víctima, o nuestra Edurne Pasabán, valiente para enfrentarse a las cumbres y conseguir los catorce 8.000 del mundo.

Pero otras de las mujeres que aparecen en el ránking no nos evidencian su valentía tan claramente como, por ejemplo, Lady Gaga, Meryl Streep, la grafitera brasileña Pamela Castro, la ex congresista Gabrielle Giffords o incluso la vicepresidenta española Soraya Sáenz de Santamaría. Pero todas ellas, y el resto de la lista, han tenido que utilizar muchas dosis de valentía para decidirse a ser parte activa de la evolución de la sociedad y del mundo, aportando su visión y luchando por ser tenidas en cuenta y llegar a influir verdaderamente.

No había ránking, pero siempre ha habido mujeres valientes que no se han dejado paralizar por los convencionalismos que les imponía la sociedad y la época en la que les tocó vivir. Convencionalismos que las llevaba a ser ignoradas o incluso vetadas hasta para acceder a la formación, y recurrieron a todo lo que fue necesario para poder cumplir el sueño, o lo que los “prudentes” llamarían utopía.

Gracias a que ha habido muchas mujeres y hombre utópicos, el mundo ha evolucionado. Porque lo que muchos llaman utopía es el inconformismo del que no quiere pensar que no se puede hacer nada, del que no pacta con el inmovilismo y del que tiene claro que si ve que algo puede cambiar tiene que implicarse en intentarlo. Mantener esto sin desanimarse o venirse abajo por las presiones, requiere altísimas dosis de valentía, porque es de valientes buscar nuevos caminos que están inexplorados, y de esto las mujeres sabemos bastante.
Dice Pilar Jurado en el prólogo del libro: “No debemos olvidar que la memoria es frágil y durante muchos siglos, de forma sistemática, se han mantenido en la sombra las hazañas de tantas valerosas féminas, se ha cuestionado la credibilidad de sus triunfos e, incluso, su propia existencia. ¿Por qué se ha intentado privar a la mujer de referentes? La respuesta es sencilla: porque sin referencias estaríamos condenadas a la individualidad y esto seguiría dificultando que el liderazgo femenino surgiese con naturalidad”.

Esto es lo que verdaderamente está cambiando, ya empiezan a ser visibles los logros, ya empieza a haber referentes. Todavía seguimos oyendo muchas veces: “La primera mujer que dirige…., la primera mujer que participa…., la primera que…”, pero poco a poco no será noticia porque se conseguirá que nadie repare ni dé importancia que sea hombre o mujer quién haya conseguido esto o aquello, porque lo importante será el logro en sí.
Quizá la sociedad empieza a amar a las mujeres y se va acostumbrando a que lo importante es que el talento no se puede desperdiciar, y éste no es propiedad de ningún sexo, está presente en los dos. Por eso el camino no es hablar de lucha, sino de colaboración, de inteligencia. Porque una sociedad inteligente es la que sabe ver, valorar y cuidar la valía de las personas sin ningún otro sesgo.

Que hay muchas mujeres valientes es un hecho, pero también hay mujeres cobardes, como pasa con los hombres. La diferencia  está en que las mujeres que consiguen metas importantes han demostrado que han tenido que ser muy valientes, mientras que hombres no tan valientes pueden haber alcanzado metas importantes porque su camino tiene muchas menos trampas y tienen que demostrar menos cosas.

Yo, sinceramente, no busco la igualdad, porque hombres y mujeres somos distintos; aspiro al respeto a la identidad de cada uno y que la sociedad, desde sus instituciones, promuevan la valoración de las capacidades, talento, virtudes, de la persona y, por tanto, que en cada partido gane el mejor. Los logros son individuales, pero es vital que haya referentes que animen a otras personas a seguir esos pasos.

La sociedad ideal será aquella en la que no tenga que haber Día de la Mujer, ni Ministerio de la Mujer, Instituto de la Mujer, ni ningún ránking específico de mujeres, porque será entonces cuando las cosas estén realmente normalizadas.

No sé si alguna generación llegará a verlo, pero creo que el camino se está trazando de manera sólida. Es verdad que queda mucho pero también lo es que se ha hecho mucho y que los cambios más importantes han sucedido en los últimos treinta años, por lo que pienso que hay que ser optimistas.

Me alegra que se reconozca la valentía de las mujeres y me parece de justicia agradecérselo a tantas mujeres que a lo largo de los siglos han ejercido esa valentía y no sólo no han sido reconocidas, sino que han sufrido tremendas dificultades por ello.

No es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor, es mejor lo que está por venir porque tenemos la capacidad de contribuir a crear ese futuro para que sea mejor, utilizando el aprendizaje de la historia y el ejemplo de los que nos han precedido. Es necesaria la utopía para hacer cosas que las generaciones que nos sigan puedan agradecernos, y para que esa utopía se transforme en realidad necesita personas valientes, que no tengan miedo a soñar y después tengan la valentía de luchar por trasladar el sueño a la vida.

CEO de ORH, plataforma de conocimiento e innovación en gestión estratégica de personas en las organizaciones creada en 2006. Es Licenciada en Periodismo y bajo la cabecera Observatorio de Recursos Humanos ha puesto en marcha proyectos como ORHIT-Observatorio RH de Innovación y Transformación, OES-Observatorio de Empresas Saludables, SFS-Empresas Saludables, Flexibles y Sostenibles e IA+Igual.

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