Las mujeres emprendedoras sufren más la morosidad en sus negocios que los hombres

Las mujeres ya constituyen el 40% de la fuerza generadora de negocio en todo el mundo, por lo que cualquier tipo de discriminación es inaceptable desde un punto de vista cultural y económico, especialmente cuando envuelve el retraso o la falta en los pagos a las pequeñas empresarias y autónomas.

Un reciente estudio realizado por Sage afirma que las mujeres sufren la discriminación en todo tipo de empresas. De hecho, el estudio detecta una tendencia preocupante: las mujeres emprendedoras sufren más la morosidad y la tardanza en los pagos que sus homólogos varones.

De los 11 países sondeadas por Sage a nivel global, las mujeres de seis de ellos reportan un alto nivel de morosidad en sus negocios, en comparación con los datos de las empresas regentadas por hombres. Concretamente en España, las pymes dirigidas por mujeres reciben tarde el 13% de los pagos a sus empresas, mientras que, en el caso de las empresas dirigidas por hombres, reportan retraso en el 7% de los pagos. En el primer caso, un 11% de las deudas acaban por ser incobrables, con todos los problemas que conlleva para el devenir de sus empresas y la creación de empleo; mientras que, en el segundo, es un 7% la deuda que acaba por no ser cobrada.

Las pequeñas empresas no pueden asumir estos costes y las horas perdidas en administración y reclamo de pagos, pues el resultado puede ser desastroso. En los próximos 12 meses, 1 de cada 4 mujeres empresarias priorizará reclamar los pagos atrasados para hacer sus negocios más eficientes.

El hecho de que las mujeres empresarias se encuentran en más ocasiones ante situaciones de morosidad se trata solo de una parte de un problema mucho más amplio. Las mujeres reportan comentarios sexistas, falta de reconocimiento sobre sus ambiciones empresariales y falta de referentes femeninos como algunas de las razones más remarcables, que evidencian la existencia de un estigma cultural, una realidad que experimentan hoy en día más las mujeres que los hombres.

En el mundo de los negocios no hay lugar para los prejuicios, todos los empresarios deberían ser libres de perseguir sus ambiciones sin sufrir las consecuencias de las barreras culturales que se encuentran con demasiada frecuencia, independientemente de su género.

Ahora es el momento de interrumpir y desafiar estos estereotipos negativos y hacer fuerza para asegurarnos de que, a las pequeñas empresas, la sala de máquinas de todas las economías, se les pague lo que se les debe por los servicios que brindan a nuestra economía.

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