Cristina Fragua17 junio 201510min

En el último artículo hacíamos una referencia a Mihály Csíkszentmihályi, quien es un psicólogo estadounidense, destacado por su trabajo acerca de la felicidad, la creatividad, el bienestar subjetivo y la diversión, pero es más famoso por su creación de la idea de flujo. Hoy dedicaremos estas líneas a explicar ese concepto.

En su libro “Fluir” indica que Aristóteles aseguraba que lo que buscan los hombres es la felicidad y que cualquier otra meta (salud, belleza, dinero, poder) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices.

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La felicidad no es algo que sucede. No parece depender de los acontecimientos externos sino, más bien, de cómo los interpretamos. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas. Eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices.

Nuestras percepciones sobre nuestras vidas son el resultado de muchas fuerzas que están fuera de nuestro control. No es mucho lo que podemos hacer acerca de nuestra apariencia física, al menos no demasiado, lo alto o lo guapos que queramos ser. No podemos elegir a nuestros padres, ni el momento de nuestro nacimiento, ni decidir cuando va a haber una guerra o una depresión económica. Las instrucciones que contienen nuestros genes, la fuerza de la gravedad, el polen en el aire, el periodo histórico en que vivimos. Éstas y otras innumerables condiciones determinan lo que vemos, cómo nos sentimos y lo que hacemos. No es sorprendente creer que nuestro destino está dominado primordialmente por fuerzas externas.

Sin embargo todos hemos vivido ocasiones en las que, en lugar de ser abofeteados por fuerzas anónimas, hemos sentido que teníamos el control de nuestras acciones, que éramos dueños de nuestro propio destino. En las raras ocasiones en las que esto ocurre sentimos una especie de regocijo, un profundo sentimiento de alegría que habíamos deseado durante largo tiempo y que se convierte en un hito en el recuerdo de cómo debería ser la vida. Esto es lo que llamamos “experiencia óptima”.

Contrariamente a lo que podría pensarse, estos momentos no suelen ser momentos pasivos o relajados. Suelen ocurrir cuando el cuerpo y la mente de una persona han llegado a su límite en un esfuerzo voluntario para conseguir algo que valiera la pena.

Una experiencia óptima es algo que hacemos que suceda. Tales experiencias no tienen que ser necesariamente agradables en el momento en el que ocurren. Los músculos del corredor de maratón pueden haber dolido durante su carrera memorable, tal vez haya sufrido mareos y fatiga, sin embargo pueden haber sido los mejores momentos de su vida.

El estado óptimo de experiencia interna se produce cuando “hay orden en la conciencia”. Esto sucede cuando la energía psíquica (o atención) se utiliza para obtener metas realistas y cuando las habilidades se encajan con las oportunidades para actuar. La búsqueda de un objetivo trae orden a la conciencia porque una persona debe concentrar su atención en la tarea que está llevando a cabo y olvidarse momentáneamente de todo lo demás.

A éstas situaciones de experiencia óptima Csikszentmihalyi las denomina experiencias de “flujo” porque, durante sus trabajos de investigación, ese fue el término empleado por muchas personas. El estado de flujo se caracteriza por el disfrute que propicia, por un sentimiento de novedad, de realización.

El disfrute requiere varios elementos:

1. Habilidades, destrezas. Las experiencias de flujo aparecen dentro de secuencias de actividades que se hayan dirigido hacia una meta y reguladas por normas, actividades que requieren el empleo de energía psíquica y que no pueden realizarse sin las habilidades necesarias.
2. Combinan acción y conciencia. La atención está totalmente absorbida por la actividad. Las personas están tan involucradas en lo que están haciendo que la actividad llega a ser algo espontáneo, casi automático; dejan de ser conscientes de sí mismos y no perciben el paso del tiempo.
3. Metas claras y retroalimentación. La razón que justifica una involucración tan compleja en una experiencia de flujo es que las metas están claras y la retroalimentación es inmediata. Un ejemplo claro puede ser el juego de bolos: el objetivo, la meta está clara; se necesita habilidad para llevarlo a cabo; la información sobre el resultado es inmediata.
4. Concentración sobre la tarea. Mientras dura, uno es capaz de olvidar todos los aspectos desagradables de la vida. Las actividades requieren un enfoque total de la atención.
5. Sensación de control o, más exactamente, falta de preocupación por perder el control. Esto tiene que ver con la habilidad y con el reto o desafío propuesto.
6. Pérdida de autoconciencia. La actividad acapara totalmente la atención y no queda espacio para pensar en el pasado, en el futuro o en cualquier otro estímulo inconexo.
7. Transformación del tiempo. El tiempo parece no pasar del modo en que normalmente lo hace.

¿Cómo provocar situaciones de flujo?

Lo primero es combinar habilidades con objetivos. Esto requiere que haya una meta, que ésta sea retadora (difícil pero alcanzable) y que existan normas para actuar.

En general los juegos y los deportes cumplen las condiciones para experimentar situaciones de flujo.

También el trabajo y, aunque muchas personas renieguen de su actividad laboral, por lo que supone de imposición y de obligatoriedad, suelen encontrar más situaciones de flujo en el trabajo que en los momentos de ocio, ya que aquellas se enmarcan dentro de una normas y unas pautas que están reguladas y que exigen cierta habilidad para llevarlas a cabo, mientras que el tiempo de ocio se encuentra desestructurado y exento de metas. Así tienen tanto éxito las propuestas de ocio programado.

No obstante se puede encontrar situaciones de flujo en multitud de situaciones. En las investigaciones llevadas a cabo por Csikszentmihalyi se recogieron gran número de manifestaciones de personas que decían haber entrado en esa situación con la lectura; y es que la lectura requiere de habilidades para recordar los personajes, seguir la trama, valorar la calidad literaria; plantea retos como averiguar el desenlace; cada estilo tiene unas normas y unas reglas que el experto conoce.

Pero estas características por si solas no tienen por qué generar flujo, son condiciones necesarias pero no suficientes. La actividad tiene que tener sentido para quien la realiza. Tiene que aportar significado.

Es conveniente comentar que el sentido, el significado debe encontrarse en la propia actividad y es “hacerlo mejor”. Ganar no es la meta. Podemos ganar pero si no lo hemos hecho bien difícilmente sentiremos esa sensación de plenitud que reporta el flujo; sin embargo, aunque no ganemos, si hemos puesto lo mejor de nosotros mismos, si nos hemos esforzado, si la actividad ha supuesto mejorarnos a nosotros mismos, el grado de satisfacción será mucho mayor.

El estado de flujo lo relaciona Mihály Csíkszentmihályi con la creatividad, el bienestar subjetivo y la diversión y lo podemos clasificar como una actividad que favorece el bienestar de los trabajadores en las empresas. ¿Pero cómo generar esa sensación en el trabajo? La respuesta ya está dada más arriba:

– Armonizar metas con habilidades. Lo mejor es que las metas sean pactadas y que las personas implicadas se sientan comprometidas en su consecución.

– Establecer las normas y las pautas en las que se tiene que desarrollar la tarea.

– Identificar el sentido de lo que se hace. Aquí podríamos citar la conocida historia de los albañiles que están en una obra, unos pican piedra, otros construyen un muro y otros están levantando una catedral. El sentido de lo que se hace es más importante que lo que realmente se hace A las personas nos gusta que las cosas que hacemos tengan sentido, por eso es importante explicar por qué, para qué y qué consecuencias tendrá eso que queremos hacer.

– Por último y muy importante, no interrumpir a las personas mientras realizan su tarea. Estamos acostumbrados a pedir informes sobre la evolución de los proyectos, a convocar reuniones no programadas, a realizar peticiones que no se ajustan al trabajo encomendado (deja eso ahora y soluciona este asunto que es urgente y sólo te llevará un momento). Todas estas interrupciones son un atentado contra el estado de flujo y, en consecuencia, contra el bienestar y la mayor productividad de nuestros colaboradores.

José Luis Dirube, Socio Director de POP OMEGA


Observatorio de Recursos Humanos

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