Sistemas nerviosos, horchata y gris

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sistemas nerviosos, horchatas y gris

Llevo bastantes meses tratando con una organización. Intentando poner en marcha un proyecto en el que son partícipes. No son los impulsores. Afortunadamente. He sido el testigo de un efecto paralizante derivado de un vacío de poder. No hay responsable, pues me paro. No, realmente pararme no. Funciono exclusivamente con el simpático y el parasimpático. Piloto automático. Se genera un halo alrededor del impacto. Unos meses antes no se hace ya nada porque va a haber un cambio. Igual no tiene sentido hacer algo que me tirarán para atrás. Hasta unos meses después no se hace aún nada porque no se tienen directrices. Igual no tiene sentido avanzar en una dirección que luego no es la correcta. Y el mundo sigue. Inercialmente. No, no sé. Lo postergamos. Es que aún no hay responsable. No me gustaría que mi vida dependiese de ello.

Las organizaciones no son más que el reflejo de las personas. Nos podemos poner exquisitos hablando de autogestión y de liderazgo compartido. Quizás. Unos se sienten cómodos y otros no. Unas luchan para cambiarlo, otras no. Unos se asustan y otros no. Se cae en la banalidad. Realización de tareas rutinarias. Con escasa aportación de valor. Estructuras desaprovechadas. Técnicos sometidos a vaivenes exógenos. Algunos encontrando motivaciones en proyectos insospechadamente aburridos. Una rueda que se autoalimenta. Si llevan así siete meses, tampoco nos demos prisa por arreglarlo. Están acostumbrados. Además, puede que sea verdad.

Feliz fin de semana a todas, todos.

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