Cultura, Wilber y el resto de los mortales

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Sorprende ver el paso del tiempo. En algunos casos sin darse cuenta, en otros dándote demasiada cuenta. Desde que no está esa persona. Desde que cambiaste de trabajo. Desde aquel evento familiar. Hay veces en los que se nubla el recuerdo y las fechas reposan en una barca en medio de un lago en un amanecer de niebla. Otras, el momento es un nítido ocaso en la cumbre de una montaña. Nuestra mente, llegado el momento, se sienta, mira y hace cuentas. Rememora. Es algo demasiado preciado para evitar comprobar el éxito de la inversión. Aquí depende de lo que se considere triunfar. Ese verbo me recuerda cuando jugaba a la brisca con mis abuelos. Repartías cartas y la que ponías boca arriba debajo del mazo era el triunfo.

Para algunos se traduce en dígitos en la cuenta corriente. Para otras, aventuras sentimentales. En algunos casos, las veces que has sonreído o, incluso, las que has hecho sonreír. En base a esa expectativa te cuadra o no la contabilidad. Seguro que no hay una receta única correcta. Hablando de cultura, Schein nos indica que existen elementos profundos en los que se basa. Relacionados con la misma esencia humana. Realidad y verdad, tiempo, espacio, ser, actividad, relaciones. Fundamentos compartidos. Conviene bucear y pensar. Simplemente ese acto nos traslada la conversación a otro nivel. Las neuronas se obligan a trabajar. Ese es el sustrato del que se alimentan nuestras convicciones. Inmersos en esos conceptos, las percepciones evolucionan. La vida puede cobrar un nuevo significado. La vida puede recuperar su sentido.

Feliz fin de semana a todas, todos.

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